miércoles, 16 de enero de 2013
"Recuérdame cantando..
...a todo aquel que quiso escuchar"
Hoy os pongo toda una lista. Estaba haciendo pruebecitas con el youtube y me ha cuadrado esto, así a traición. Y sí, lo reconozco, es una lista de ponerse tiernecita, qué le vamos a hacer, también somos de Dios.
Va por ustedes:
...Y al final te estaré esperando...Ah, no, que esa es la primera canción otra vez, que por ahí empezamos...
martes, 18 de diciembre de 2012
Astrología barata para el fin del mundo.
Buenas, mucho tiempo ¿no?
Quería enseñaros lo bien que aprovecha la gente el tiempo en ponerse creativa y "hacer felices" al resto:
Ah, y se les olvida que las higueras echarán brotes fuera de tiempo, y esa será la señal inequívoca. Así que si teneis algún árbol reverdeciendo a estas alturas acojonaos y confesaos.
Vereis, es que tanto fin del mundo tanto fin del mundo me ha acabado cargando y he metido mis tentáculos en el asunto, como Ursula la bruja del mar (véase, Ursula).
El caso es que he estado mirando las efemérides del famoso día 21, y la verdad parece que la gente va a andar especialmente cabreada. Venga, un poquito de astrología barata para pasar el mal trago:
Para empezar habrá un ambiente general de miedo a cambiar el status quo, pero a la vez de solivianto; y, a nada que se provoque, con ganas de iniciar pelea y revolución, así, a la primera de cambio. Inflado además por los miedos de cada cuál. Será un día en el que la gente además esté a por uvas de qué significan realmente sus actos y sus palabras, y un poco idos. Aderezado con que la gente va a estar bocazas, a decir lo que se le venga a la boca por echarse unas risas o por dejarse llevar por la masa, y con un punto de todo el mundo juzga a todo el mundo y ejecutamos sumariamente y sin perdón. A eso súmale que la gente actúe con energía y con ganas de dar lecciones y de pelea, sobre todo con cosas que llevan acumulando rencor tiempo (jefes, esposas, vecinos, gobernantes...)...a mí me suena a que se lía parda.
Me temo que efectivamente, es de esas veces que no serviría de nada quedarse metido en casa. Aun viviendo sólo en mitad del desierto, uno se pelearía con las puñeteras cuerdas de la tienda de campaña. Y claro, esto a nivel humano de andar por casa. Porque hay más. Terremotos, movimientos de placas tectónicas y sus tsunamis correspondientes, tormentas eléctricas y solares y mucho electromagnetismo telúrico, de ese que ataca el sistema nervioso... Vamos, que se nos van a fundir los plomos a todos.
Afortunadamente, que se líe parda no es lo mismo que un acabarse el mundo, tiene otra categoría. Ya estoy mucho más tranquila, dónde va a parar, jeje..
En fin, que paso. Supongo que los problemas seguirán siendo los mismos de la humanidad de siempre ¿dónde me cobijo a pasar la noche?¿qué comeré hoy?¿dónde hay agua?¿con quién procreo?. Y como siempre, al final no pasará nada.
Nunca pasa nada, en realidad, si uno se pone a mirarlo tranquilamente sentado en la roca de diez años después.
Desde donde yo lo veo, es cuestión de cómo se tome uno las cosas, si al estilo Carl Off (.Oh, Fortuna), o como siempre, el buen tío Rosendo tiene una manera de confortar el corazón y tomárselo de otro modo: Apágalas.
Así que, como en el fin del mundo dosmilita, os espero al otro lado del día 21 para tomar unas cañas. Un besote y feliz navidad (no os peleeis mucho con la family).
Quería enseñaros lo bien que aprovecha la gente el tiempo en ponerse creativa y "hacer felices" al resto:
Vereis, es que tanto fin del mundo tanto fin del mundo me ha acabado cargando y he metido mis tentáculos en el asunto, como Ursula la bruja del mar (véase, Ursula).
El caso es que he estado mirando las efemérides del famoso día 21, y la verdad parece que la gente va a andar especialmente cabreada. Venga, un poquito de astrología barata para pasar el mal trago:
Para empezar habrá un ambiente general de miedo a cambiar el status quo, pero a la vez de solivianto; y, a nada que se provoque, con ganas de iniciar pelea y revolución, así, a la primera de cambio. Inflado además por los miedos de cada cuál. Será un día en el que la gente además esté a por uvas de qué significan realmente sus actos y sus palabras, y un poco idos. Aderezado con que la gente va a estar bocazas, a decir lo que se le venga a la boca por echarse unas risas o por dejarse llevar por la masa, y con un punto de todo el mundo juzga a todo el mundo y ejecutamos sumariamente y sin perdón. A eso súmale que la gente actúe con energía y con ganas de dar lecciones y de pelea, sobre todo con cosas que llevan acumulando rencor tiempo (jefes, esposas, vecinos, gobernantes...)...a mí me suena a que se lía parda.
Me temo que efectivamente, es de esas veces que no serviría de nada quedarse metido en casa. Aun viviendo sólo en mitad del desierto, uno se pelearía con las puñeteras cuerdas de la tienda de campaña. Y claro, esto a nivel humano de andar por casa. Porque hay más. Terremotos, movimientos de placas tectónicas y sus tsunamis correspondientes, tormentas eléctricas y solares y mucho electromagnetismo telúrico, de ese que ataca el sistema nervioso... Vamos, que se nos van a fundir los plomos a todos.
Afortunadamente, que se líe parda no es lo mismo que un acabarse el mundo, tiene otra categoría. Ya estoy mucho más tranquila, dónde va a parar, jeje..
En fin, que paso. Supongo que los problemas seguirán siendo los mismos de la humanidad de siempre ¿dónde me cobijo a pasar la noche?¿qué comeré hoy?¿dónde hay agua?¿con quién procreo?. Y como siempre, al final no pasará nada.
Nunca pasa nada, en realidad, si uno se pone a mirarlo tranquilamente sentado en la roca de diez años después.
Desde donde yo lo veo, es cuestión de cómo se tome uno las cosas, si al estilo Carl Off (.Oh, Fortuna), o como siempre, el buen tío Rosendo tiene una manera de confortar el corazón y tomárselo de otro modo: Apágalas.
Así que, como en el fin del mundo dosmilita, os espero al otro lado del día 21 para tomar unas cañas. Un besote y feliz navidad (no os peleeis mucho con la family).
sábado, 8 de septiembre de 2012
Demonios con la mejor intención.
"Escúchame...
Cuando te pido que me escuches y empiezas a decirme el porqué no debería sentirme de esta forma, tú estás metiéndote con mis sentimientos.
Cuando te pido que me escuches y tú sientes que tienes que hacer algo para solucionar mi problema, tú me estás fallando, por extraño que parezca.
Escúchame! Lo que te he pedido es sólo que me escuches, no tienes que hablarme, no tienes que hacer nada. Sólo escúchame.
Dar consejos es barato, lo consigues en cualquier programa de radio o TV.
Yo puedo hacer por mí mismo. No soy un inútil. Quizás estoy desanimado, o cansado, pero no soy incapaz.
Cuando tú haces algo por mí que yo puedo hacer por mí mismo, tú estás contribuyendo a mi sensación de miedo y de no estar bien.
Porque cuando tú puedes aceptar el simple hecho de que yo sienta lo que siento sin importar lo irracional que fuera, entonces yo puedo parar de querer convencerte, y usar mi energía para explorar lo que hay detrás de mis emociones. Cuando esto está claro, las respuestas son obvias y yo no necesito consejo.
Los sentimientos irracionales tienen sentido cuando entendemos lo que hay detrás de ellos.
A lo mejor es por esto que las oraciones a Dios funcionan, pues Dios es mudo y no trata de dar consejos o arreglar situaciones.
El/Ella simplemente escucha y te deja hacer tu trabajo solo.
Por tanto, por favor, sólo escúchame..
Y si quieres hablarme, espera un minuto y yo te voy a escuchar"
...obviamente, para eso hace falta ser todo un dios.
Este escrito lo encontré en el tablón de anuncios de un albergue de un pueblo perdido en el camino de Santiago. Lo considero un regalo valioso. Cuando lo leí me recordó a un refrán que dice "las peores obras son las que están hechas con la mejor intención". Efectivamente, no basta sólo la mejor intención, también hay que saber cómo hacer las cosas bien. Y saber escuchar es una de las artes más difíciles que se dan entre los seres humanos. No oir, no. No entender, tampoco. Sólo escuchar. Sólo recibir. La mayoría de la gente toma el mando de la situación cuando les cuentas tus cuitas. Por eso hay tanta gente que evita contar sus emociones, porque realmente hay otras personas que lo entienden como debilidad y autorización para tomarte la posición. Con lo sencillo que sería sólo escuchar y ya. Pero la mayoría de la gente siente incomodidad frente a la desdicha ajena, y buscan resolver esa incomodidad de alguna manera: aconsejando, haciendo, diciendo, disculpándose, evitando....
Y con el amor y los hijos la cosa se complica aún más.
Hay mucha gente enamorada que se dedica a convertir su amor en un sufrimiento porque saben darlo todo, pero desgraciadamente no saben escuchar el amor del otro. Podrían morir y matar por sus amad@s, pero no recibir lo que sale de ellos. De tanto dar abruman a sus parejas, les despersonalizan, les reducen a la condición de espectadores sentimentales, a la espera de su turno de actuar en su obra común de amor. O peor aún, les reducen a la condición de atrezzo en esa misma obra, en una excusa para el monólogo romántico, como la calavera de Hamlet.
Esta gente enamorada, en busca de ese amor que no saben percibir, intentan dar ejemplo de cómo amarles, dando y dando y dando hasta el agotamiento. Cada vez más hambrientos y secos, exigen a sus parejas que les devuelvan el amor del que se están vaciando. Así llega el momento en el que, extenuados emocionalmente, los amantes han de separar sus caminos. Y sólo por eso, sólo porque alguien no supo recibir amor, sólo porque pensó que todo su amor sería suficiente. No dejeis que os pase nunca, es una mierda.
En esta sociedad, parece que cuando quieres algo tienes que luchar por ello, ser proactivo, guerrear, luchar, sufrir. Resistir el cansancio, el desánimo, el miedo, la tristeza, la frialdad, los golpes, los días grises, las traiciones... para lograr conseguir y merecer el deseo anhelado. Y la pura verdad, es que en mi experiencia, lo mejor de la vida llega desde el regalo: las manzanas en los árboles y las moras en los zarzales, los mimos sentidos, el olor tibio del bebé, el abrazo o lengüetazo del hermano humano o animal, el deseo y/o el amor del amante amado, la risa compartida con el amigo, el sol en la cara, el agua fresca, el viento en las alas...
Y toda esta riqueza llega por el simple método de aceptar el regalo con amor y agradecimiento.
Nada más que eso. Ni nada menos.
Resulta demoníaco que mucha gente no sepa recibir porque dudan del hecho esencial de ser amados porque sí, por existir, por ser quien son. Nos creemos que el amor es algo que se hace, algo que se gana, no algo que sucede. Parece que si no hacemos nada por merecerlo no tenemos derecho a nuestra cuota de amor y ternura.
Y es demoníaco que mucha gente no sepa dar ternura sin debilitar al otro. Necesitan de las desgracias de su amad@ para sentirse necesitados en la adversidad, de su miedo, de su desorientación o torpeza, de su enfermedad...
Realmente no sé cómo tanta gente se atreve a flirtear unos con otros, con lo fino que hay que hilar. Inconscientes, que son unos inconscientes, benditos sean.
Os dejo una canción, hala, que os la habeis ganado.
Is this a kind of magic? The bell that rings inside your mind...
miércoles, 1 de agosto de 2012
Heading the sun
![]() |
| Embarque de la reina de Saba- Claude de Lorraine |
pasar una invisible comparsa
con música maravillosa y grandes voces,
tu suerte que declina, tus obras fracasadas,
los planes de tu vida que resultaron errados
no llores vanamente
Como hombre preparado desde tiempo atrás,
como un valiente,
di tu adiós a Alejandría, que se aleja.
No te engañes,
NO DIGAS QUE FUE UN SUEÑO.
No aceptes tan vanas esperanzas.
Como hombre preparado desde tiempo atrás,
como un valiente,
como corresponde a quien de tal ciudad fue digno,
acércate con paso firme a la ventana,
y escucha con emoción -no con lamentos
ni ruegos de débiles- como último placer,
los sones,los maravillosos instrumentos de la
comparsa misteriosa
y di tu adiós a esa Alejandría
que pierdes para siempre.
Konstantinos Kavafis
Las consecuencias
LA BELLA
DAMA SIN MISERICORDIA
¿Qué te
aflige, armado caballero,
que solo
andas y tu palidez espanta?
El junco en el lago se marchitó,
y ningún
pájaro canta.
¿¡qué te
aflige, armado caballero,
De tez
fatigada y maltrecha?!
El silo de
la ardilla ya está lleno,
Y se terminó
la cosecha.
Yo veo un
lirio en vuestra frente,
regado con
fiebre y angustia,
y en vuestra
mejilla una rosa ajada
que muy
pronto se hizo mustia.
![]() |
| Dicksee- La Belle Dame Sans Merci |
`Conocí una
dama en la pradera,
toda
belleza- la hija de un hada-,
Era largo su
cabello, su pie ligero.
Y salvaje su
mirada.
Hice para su
cabeza una guirnalda,
Y pulseras,
y un halo fragante.
Ella me miró
como al amor,
con un
gemido cautivante.
La monté en
mi corcel al trote,
Y todo el
día no ví más nada.
Ella inclinada
me cantaba
Una canción
de hada.
Me consiguió
raíces dulces,
Y miel
salvaje, y maná del rocío.
Y dijo
cierto en lengua extraña:
“mi amor y
mi verdadero deseo”.
Me llevó a
su caverna de duende,
Y allí lloró
dolor y otros excesos.
Allí cerrè
sus fieros, fieros ojos,
Con cuatro
besos.
Y allí me
arrulló hasta que dormí,
Y allí soñé
(¡ah, ocasión sombría!)
El último
sueño que jamás soñé
En la ladera
fría.
Vi reyes pálidos, príncipes también,
Pálidos
guerreros de color cenizo.
lloriqueando: ”La
Bella Dama sin Misericordia
te tiene
sumiso”.
Vi sus voraces labios a media luz
entrecerrados en ofendida advertencia.
Y desperté,
encontrándome aquí,
En la fría
ladera.
Y es por
esto que resido aquí,
que vago
solo y mi lividez espanta.
Aunque el
junco del lago se desecó
Y ningún
pájaro canta.
John Keats
lunes, 30 de julio de 2012
Sobre la confianza
"La confianza es una hipótesis sobre la conducta futura del otro. Es una actitud que concierne al futuro, en la medida en que este futuro depende de la acción de un otro. Es una especie de apuesta que consiste en no inquietarse del no-control del otro y del tiempo" (Laurence Cornu, La confianza en las relaciones pedagógicas)
Vamos mal. Vamos muy mal.
Dependiendo de la acción de un otro . Preocupándonos de la conducta futura, cuando todos sabemos que el futuro no existe, que son sucesiones de presentes pasados. Apostando por seguridades que no existen. Intentando no "inquietarnos" por el no-control del otro. Decidiendo cerrar los ojos a lo que pueda hacer porque es güeno, porque es mi amigo, porque me quiere. Desde este punto de vista la confianza es demoníaca.
Como me enseñaron en la autoescuela, uno no va por la carretera pensando que está llena de cabrones intentando joderte, ni piensa que son todos unos ineptos. Todo lo contrario. Una dosis razonable de buena fe hace que cuando otro coche hace raros, frena bruscamente, etc, uno sepa que pasa algo. Si lo miras como si fuera "el cabronazo este" o "la mujer, tenías que ser", uno no percibe el aviso que supone.
Pero también tienes que ir constantemente alerta, atento a las situaciones que se puedan dar. No se puede ir por la carretera pensando que, como todos son buenos conductores y bellísimas personas, yo puedo dejar de mirar porque nada me va a pasar, in god we trust. Y no será nada personal, sólo es Conducción General Básica.
La confianza es algo que es. Algo que sucede. Que se genera de manera natural cuando un día y otro y otro sólo te vienen cosas buenas por ese lado, o como mínimo, no te viene ningún mal de esa dirección. En ese caso es fácil acostumbrarse a que el mundo es así. La incertidumbre no hace su aparición, la prevención parece sobrante y hasta de mal gusto. Todos preferimos relajar la panza que mantenernos derechos y vigilantes como perrillos de las praderas. La vida es mucho más agradable.
Hay más formas de confianza. Como instinto básico, cuando sin conocer a una persona, adelantas una franqueza no justificada por un pasado común. Eso es confianza divina..
"Cuando se pierde la confianza, es por agotamiento emocional. Bien el medio o la mala intención de la persona, fomenta la incapacidad de cumplir con lo prometido de forma continuada en el tiempo". No lo digo yo, lo dice la Wikipedia. Yo sólo añadiría que las causas de esa incapacidad de cumplir con lo prometido, o con lo esperable de unas buenas relaciones humanas, son muchas: debilidad, egolatría, inseguridades, dependencia de pensamiento, crueldad...tantas como fallos humanos. Que humanos son, pero no dejan de hacer daño. Y todos ellos se generan, a mí modo de ver, en la falta de honestidad, en la falta de entereza y/o en la cobardía emocional. Y estos a su vez, de la falta de respeto y aprecio por uno mismo.
Hay un libro de Carmen Posadas que os recomiendo, "Pequeñas infamias", que reflexiona acerca del camino fatal que supone querer ocultar las pequeñas infamias. Por no dar la cara con una pequeña infamia es como se puede llegar a las más grandes infamias. Coincido plenamente.
Os dejo con un bonito verso de Keats:
«la belleza es la verdad, la verdad es belleza, esto es todo...
lo que necesitas saber»
Vamos mal. Vamos muy mal.
Dependiendo de la acción de un otro . Preocupándonos de la conducta futura, cuando todos sabemos que el futuro no existe, que son sucesiones de presentes pasados. Apostando por seguridades que no existen. Intentando no "inquietarnos" por el no-control del otro. Decidiendo cerrar los ojos a lo que pueda hacer porque es güeno, porque es mi amigo, porque me quiere. Desde este punto de vista la confianza es demoníaca.
Como me enseñaron en la autoescuela, uno no va por la carretera pensando que está llena de cabrones intentando joderte, ni piensa que son todos unos ineptos. Todo lo contrario. Una dosis razonable de buena fe hace que cuando otro coche hace raros, frena bruscamente, etc, uno sepa que pasa algo. Si lo miras como si fuera "el cabronazo este" o "la mujer, tenías que ser", uno no percibe el aviso que supone.
Pero también tienes que ir constantemente alerta, atento a las situaciones que se puedan dar. No se puede ir por la carretera pensando que, como todos son buenos conductores y bellísimas personas, yo puedo dejar de mirar porque nada me va a pasar, in god we trust. Y no será nada personal, sólo es Conducción General Básica.
La confianza es algo que es. Algo que sucede. Que se genera de manera natural cuando un día y otro y otro sólo te vienen cosas buenas por ese lado, o como mínimo, no te viene ningún mal de esa dirección. En ese caso es fácil acostumbrarse a que el mundo es así. La incertidumbre no hace su aparición, la prevención parece sobrante y hasta de mal gusto. Todos preferimos relajar la panza que mantenernos derechos y vigilantes como perrillos de las praderas. La vida es mucho más agradable.
Hay más formas de confianza. Como instinto básico, cuando sin conocer a una persona, adelantas una franqueza no justificada por un pasado común. Eso es confianza divina..
"Cuando se pierde la confianza, es por agotamiento emocional. Bien el medio o la mala intención de la persona, fomenta la incapacidad de cumplir con lo prometido de forma continuada en el tiempo". No lo digo yo, lo dice la Wikipedia. Yo sólo añadiría que las causas de esa incapacidad de cumplir con lo prometido, o con lo esperable de unas buenas relaciones humanas, son muchas: debilidad, egolatría, inseguridades, dependencia de pensamiento, crueldad...tantas como fallos humanos. Que humanos son, pero no dejan de hacer daño. Y todos ellos se generan, a mí modo de ver, en la falta de honestidad, en la falta de entereza y/o en la cobardía emocional. Y estos a su vez, de la falta de respeto y aprecio por uno mismo.
Hay un libro de Carmen Posadas que os recomiendo, "Pequeñas infamias", que reflexiona acerca del camino fatal que supone querer ocultar las pequeñas infamias. Por no dar la cara con una pequeña infamia es como se puede llegar a las más grandes infamias. Coincido plenamente.
Os dejo con un bonito verso de Keats:
«la belleza es la verdad, la verdad es belleza, esto es todo...
lo que necesitas saber»
lunes, 18 de junio de 2012
De corazones peludos
Buenas.
Este cuento se titula "El corazón peludo del brujo", y está escrito por la autora de Harry Potter. Es una autora realmente buena, bizarro ejemplo de cuántas cosas puede uno llegar a perderse por prejuicioso. Que ustedes lo disfruten.
Este cuento se titula "El corazón peludo del brujo", y está escrito por la autora de Harry Potter. Es una autora realmente buena, bizarro ejemplo de cuántas cosas puede uno llegar a perderse por prejuicioso. Que ustedes lo disfruten.
"Érase una
vez un joven brujo atractivo, rico y con talento que observó cómo sus amigos se
comportaban como idiotas cuando se enamoraban: retozaban como crios, se
acicalaban y perdían el apetito y la dignidad. Así pues, decidió no caer nunca
en esa debilidad y empleó las artes oscuras para evitarlo.
La familia del brujo, que ignoraba su secreto, se sonreía al verlo tan frío y
distante.
—Todo cambiará el día que quede prendado de una doncella —profetizaban.
Pero el joven brujo no quedaba prendado de nadie. Pese a que más de una doncella sentía intriga por su altivo semblante y utilizaba sus encantos más sutiles para complacerlo, ninguna consiguió cautivar su corazón. El brujo se vanagloriaba de su propia indiferencia y de la sagacidad que la había producido.
Transcurridos los primeros años de la juventud, los amigos del brujo empezaron a casarse y, más adelante, a tener hijos.
«Sus corazones deben de estar resecos como cáscaras por culpa de los lloriqueos de esos crios», se burlaba el brujo para sus adentros mientras observaba las payasadas de aquellos jóvenes padres.
Y, una vez más, se felicitaba por la sabia decisión que tomara en su día.
A su debido tiempo, los ancianos padres del brujo fallecieron. Pero éste no lloró su muerte; al contrario, se alegró de ella, porque ahora reinaría solo en el castillo. Había guardado su mayor tesoro en la mazmorra más recóndita, y así pudo entregarse a una vida de lujo y desahogo, en la que su comodidad era el único objetivo de los numerosos sirvientes que lo rodeaban.
El brujo estaba seguro de que provocaba una inmensa envidia a todos cuantos contemplaban su espléndida y apacible soledad; por eso sintió una ira y un disgusto tremendos cuando, un día, oyó a dos de sus lacayos hablando de su amo.
El primer criado expresó la pena que sentía por él, pues pese a toda su riqueza y poder seguía sin tener a nadie que lo amara.
Pero su compañero, riendo con burla, le preguntó por qué creía que un hombre con tanto oro y dueño de tan grandioso castillo no había conseguido una esposa.
Esas palabras asestaron un duro golpe al orgullo del brujo.
Así pues, decidió esposarse de inmediato con una mujer que fuera superior a todas las demás. Tenía que poseer una belleza deslumbrante, para despertar la envidia y el deseo de todo hombre que la contemplara; descender de un linaje mágico, para que sus hijos heredaran dones extraordinarios; y poseer una riqueza como mínimo equiparable a la suya, para así continuar con su cómoda existencia pese al aumento de los gastos domésticos.
El brujo podría haber tardado cincuenta años en encontrar a una mujer así, pero resultó que el día después de tomar la decisión de buscarla, una doncella que cumplía todos los requisitos llegó a la región para visitar a unos parientes.
Era una bruja de una habilidad prodigiosa y poseía una gran fortuna en oro. Su belleza era tal que cautivaba el corazón de todos los hombres que la miraban; es decir, de todos los hombres excepto uno: el corazón del brujo no sentía absolutamente nada. Aun así, ella era el premio que él buscaba, de modo que empezó a cortejarla.
Quienes se percataron de su cambio de actitud se asombraron, y le dijeron a la doncella que había logrado aquello en lo que centenares de mujeres habían fracasado.
La joven también se sentía fascinada y, al mismo tiempo, repelida por las atenciones que le dedicaba el brujo. Jamás había conocido a un hombre tan raro y distante, y percibía la frialdad que yacía bajo la ternura de sus lisonjas. Sin embargo, sus parientes opinaban que esa unión era muy conveniente y, deseosos de fomentarla, aceptaron la invitación del brujo al gran banquete que organizó en honor de la doncella.
La mesa, repleta de plata y oro, fue servida con los mejores vinos y los manjares más deliciosos. Unos trovadores tocaban laúdes con cordaje de seda y cantaban canciones sobre un amor que su amo nunca había sentido. La doncella estaba sentada en un trono junto al brujo, quien, en voz baja, le dedicaba tiernas palabras que había escamoteado a los poetas sin tener la menor idea de su verdadero significado.
La doncella escuchaba desconcertada, y al final replicó:
—Hablas muy bien, Brujo, y me encantarían tus halagos si pensara que tienes corazón.
El anfitrión sonrió y le aseguró que no debía preocuparse por eso. Le pidió que lo acompañara. Ambos salieron del salón donde se celebraba el banquete y él la condujo hasta la mazmorra donde guardaba su mayor tesoro.
Allí, en un cofre encantado de cristal, reposaba el corazón del brujo. Como llevaba mucho tiempo desconectado de los ojos, los oídos y los dedos, nunca lo había estremecido la belleza, una voz cantarína o el tacto de una piel tersa. Al verlo, la doncella se horrorizó, pues el corazón estaba marchito y cubierto de largo pelo negro. —Pero ¿qué has hecho? —se lamentó—. ¡Devuélvelo a su sitio, te lo suplico!
El brujo comprendió que debía complacer a la joven. Así que sacó su varita mágica, abrió el cofre de cristal, se hizo un tajo en el pecho y devolvió el peludo corazón a la vacía cavidad original.
-¡Ya estás curado y ahora conocerás el amor verdadero! -exclamó la doncella, radiante, y lo abrazó.
La caricia de sus suaves y blancos brazos, el susurro de su aliento y la fragancia de su espesa cabellera rubia traspasaron como lanzas el corazón recién despertado del brujo. Pero en la oscuridad del largo exilio a que lo habían condenado se había vuelto ex traño, ciego y salvaje, y le surgieron unos apetitos poderosos y perversos.
Los invitados al banquete se habían percatado de la ausencia de su anfitrión y la doncella. Al principio no se preocuparon, pero al pasar las horas empezaron a inquietarse, y al final decidieron ir en su busca.
Recorrieron todo el castillo y encontraron la mazmorra, donde los aguardaba una escena espantosa.
La doncella yacía muerta en el suelo, con el pecho abierto; agachado a su lado estaba el brujo, desquiciado y sosteniendo en una mano un gran corazón rojo, reluciente, liso y ensangrentado. Lamía y acariciaba ese corazón mientras juraba que lo cambiaría por el suyo.
En la otra mano sostenía su varita mágica, con la que intentaba extraerse el corazón marchito y peludo. Pero el corazón peludo era más fuerte que el brujo, y se negaba a desconectarse de sus sentidos y volver al cofre donde había pasado tanto tiempo encerrado.
Ante las horrorizadas miradas de sus invitados, el brujo dejó la varita y asió una daga de plata. Y tras jurar que nunca se dejaría gobernar por su corazón, se lo sacó del pecho a cuchilladas.
Entonces se quedó un momento arrodillado, triunfante, con un corazón en cada mano, y a continuación se desplomó sobre el cadáver de la doncella y murió."
—Todo cambiará el día que quede prendado de una doncella —profetizaban.
Pero el joven brujo no quedaba prendado de nadie. Pese a que más de una doncella sentía intriga por su altivo semblante y utilizaba sus encantos más sutiles para complacerlo, ninguna consiguió cautivar su corazón. El brujo se vanagloriaba de su propia indiferencia y de la sagacidad que la había producido.
Transcurridos los primeros años de la juventud, los amigos del brujo empezaron a casarse y, más adelante, a tener hijos.
«Sus corazones deben de estar resecos como cáscaras por culpa de los lloriqueos de esos crios», se burlaba el brujo para sus adentros mientras observaba las payasadas de aquellos jóvenes padres.
Y, una vez más, se felicitaba por la sabia decisión que tomara en su día.
A su debido tiempo, los ancianos padres del brujo fallecieron. Pero éste no lloró su muerte; al contrario, se alegró de ella, porque ahora reinaría solo en el castillo. Había guardado su mayor tesoro en la mazmorra más recóndita, y así pudo entregarse a una vida de lujo y desahogo, en la que su comodidad era el único objetivo de los numerosos sirvientes que lo rodeaban.
El brujo estaba seguro de que provocaba una inmensa envidia a todos cuantos contemplaban su espléndida y apacible soledad; por eso sintió una ira y un disgusto tremendos cuando, un día, oyó a dos de sus lacayos hablando de su amo.
El primer criado expresó la pena que sentía por él, pues pese a toda su riqueza y poder seguía sin tener a nadie que lo amara.
Pero su compañero, riendo con burla, le preguntó por qué creía que un hombre con tanto oro y dueño de tan grandioso castillo no había conseguido una esposa.
Esas palabras asestaron un duro golpe al orgullo del brujo.
Así pues, decidió esposarse de inmediato con una mujer que fuera superior a todas las demás. Tenía que poseer una belleza deslumbrante, para despertar la envidia y el deseo de todo hombre que la contemplara; descender de un linaje mágico, para que sus hijos heredaran dones extraordinarios; y poseer una riqueza como mínimo equiparable a la suya, para así continuar con su cómoda existencia pese al aumento de los gastos domésticos.
El brujo podría haber tardado cincuenta años en encontrar a una mujer así, pero resultó que el día después de tomar la decisión de buscarla, una doncella que cumplía todos los requisitos llegó a la región para visitar a unos parientes.
Era una bruja de una habilidad prodigiosa y poseía una gran fortuna en oro. Su belleza era tal que cautivaba el corazón de todos los hombres que la miraban; es decir, de todos los hombres excepto uno: el corazón del brujo no sentía absolutamente nada. Aun así, ella era el premio que él buscaba, de modo que empezó a cortejarla.
Quienes se percataron de su cambio de actitud se asombraron, y le dijeron a la doncella que había logrado aquello en lo que centenares de mujeres habían fracasado.
La joven también se sentía fascinada y, al mismo tiempo, repelida por las atenciones que le dedicaba el brujo. Jamás había conocido a un hombre tan raro y distante, y percibía la frialdad que yacía bajo la ternura de sus lisonjas. Sin embargo, sus parientes opinaban que esa unión era muy conveniente y, deseosos de fomentarla, aceptaron la invitación del brujo al gran banquete que organizó en honor de la doncella.
La mesa, repleta de plata y oro, fue servida con los mejores vinos y los manjares más deliciosos. Unos trovadores tocaban laúdes con cordaje de seda y cantaban canciones sobre un amor que su amo nunca había sentido. La doncella estaba sentada en un trono junto al brujo, quien, en voz baja, le dedicaba tiernas palabras que había escamoteado a los poetas sin tener la menor idea de su verdadero significado.
La doncella escuchaba desconcertada, y al final replicó:
—Hablas muy bien, Brujo, y me encantarían tus halagos si pensara que tienes corazón.
El anfitrión sonrió y le aseguró que no debía preocuparse por eso. Le pidió que lo acompañara. Ambos salieron del salón donde se celebraba el banquete y él la condujo hasta la mazmorra donde guardaba su mayor tesoro.
Allí, en un cofre encantado de cristal, reposaba el corazón del brujo. Como llevaba mucho tiempo desconectado de los ojos, los oídos y los dedos, nunca lo había estremecido la belleza, una voz cantarína o el tacto de una piel tersa. Al verlo, la doncella se horrorizó, pues el corazón estaba marchito y cubierto de largo pelo negro. —Pero ¿qué has hecho? —se lamentó—. ¡Devuélvelo a su sitio, te lo suplico!
El brujo comprendió que debía complacer a la joven. Así que sacó su varita mágica, abrió el cofre de cristal, se hizo un tajo en el pecho y devolvió el peludo corazón a la vacía cavidad original.
-¡Ya estás curado y ahora conocerás el amor verdadero! -exclamó la doncella, radiante, y lo abrazó.
La caricia de sus suaves y blancos brazos, el susurro de su aliento y la fragancia de su espesa cabellera rubia traspasaron como lanzas el corazón recién despertado del brujo. Pero en la oscuridad del largo exilio a que lo habían condenado se había vuelto ex traño, ciego y salvaje, y le surgieron unos apetitos poderosos y perversos.
Los invitados al banquete se habían percatado de la ausencia de su anfitrión y la doncella. Al principio no se preocuparon, pero al pasar las horas empezaron a inquietarse, y al final decidieron ir en su busca.
Recorrieron todo el castillo y encontraron la mazmorra, donde los aguardaba una escena espantosa.
La doncella yacía muerta en el suelo, con el pecho abierto; agachado a su lado estaba el brujo, desquiciado y sosteniendo en una mano un gran corazón rojo, reluciente, liso y ensangrentado. Lamía y acariciaba ese corazón mientras juraba que lo cambiaría por el suyo.
En la otra mano sostenía su varita mágica, con la que intentaba extraerse el corazón marchito y peludo. Pero el corazón peludo era más fuerte que el brujo, y se negaba a desconectarse de sus sentidos y volver al cofre donde había pasado tanto tiempo encerrado.
Ante las horrorizadas miradas de sus invitados, el brujo dejó la varita y asió una daga de plata. Y tras jurar que nunca se dejaría gobernar por su corazón, se lo sacó del pecho a cuchilladas.
Entonces se quedó un momento arrodillado, triunfante, con un corazón en cada mano, y a continuación se desplomó sobre el cadáver de la doncella y murió."
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



